Decisiones Para el Año Nuevo

Decisiones Para el Año Nuevo

La Voluntad Real y
Verdadera es la Voluntad Espiritual

Robert Crosbie

    

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Nota Editorial:

El siguiente texto es traducido del
volumen “The Friendly Philosopher”, de
Robert Crosbie, Theosophy Co., Los Angeles,
1945, 415 pp., pp. 310-314. El texto concluye
diciendo que, según los Maestros de Sabiduría,
la humanidad es “la gran huérfana”, porque son pocos
los individuos que trabajan por ella como un todo.
Muchos sufren una severa ignorancia espiritual
y piensan en sí mismos como seres aislados.

Añadimos dos notas explicativas.

(CCA)

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Todos, indudablemente, han tomado decisiones para el año nuevo, y todos, sin duda, han fracasado en mantenerlas. Debe haber algún motivo por el cual fracasamos, así como alguna explicación de por qué en una determinada época del año tenemos inclinación a tomar decisiones. Estos motivos yacen ocultos en las profundidades de nuestro ser.

Quizás sin darnos cuenta, tenemos una percepción natural de la ley oculta al observar este período particular del año. Los antiguos celebraban y comprendían lo que ellos denominaban “el nacimiento del sol”, o el regreso del sol, que comienza, en el hemisferio norte, el día 21 de diciembre.[1] Ellos sabían que la influencia de todas las fuerzas ocultas de la naturaleza tiende a aumentar cuando el sol regresa. Cuando los rayos del sol se vuelven más cálidos y fuertes, todas las otras fuerzas que acompañan al sol y que están presentes en nosotros se fortalecen en nuestro interior.[2] Durante el crecimiento de la ola de renovación espiritual y psíquica, todo lo que queremos hacer tiene un mayor impulso que en otras épocas del año.

El motivo de nuestros fracasos es que no comprendemos nuestra propia naturaleza. En consecuencia, no somos capaces de usar la fuerza y la influencia presentes en nuestro interior, desde el punto de vista físico, y nos resulta difícil tratar de llevar a cabo todo tipo de propósitos. Nuestro primer error consiste en tomar decisiones negativas. Decimos: “No beberé alcohol, no mentiré, no haré esto, no haré aquello”. Pero la decisión adecuada que hemos de tomar es: “Haré esto o aquello para cambiar mi situación actual”. En este caso, efectuamos una afirmación directa de la voluntad, mientras que la otra forma de tomar decisiones nos sitúa en una posición puramente negativa. Tal vez hemos pensado, en relación con los demás o con nosotros mismos, que como no hacemos cierto número de cosas cuestionables somos “buenos”. Pero lo que simplemente ocurre es que no somos malos, lo que constituye, de nuevo, una posición negativa. La verdadera bondad es una posición positiva.

Para llevar a cabo nuestras resoluciones tenemos que invocar a la voluntad del hombre, dado que dicha voluntad no está bloqueada por ningún obstáculo. Sin embargo, por “voluntad” no nos referimos a lo que ordinariamente se denomina con esta palabra. Somos propensos a pensar que una persona muy determinada a alcanzar sus metas tiene “una voluntad fuerte” y un carácter muy positivo; no obstante, esa persona exhibe solamente un tipo de voluntad. Más que voluntad, lo que tiene son deseos muy fuertes, y buscará satisfacerlos.

Existen muchos aspectos de la voluntad, y algunos de ellos son difíciles de reconocer. La propia voluntad de vivir es un aspecto oculto de la voluntad. Si la voluntad de vivir no estuviera presente, no viviríamos. No es el cuerpo el que nos mantiene aquí, sino el deseo de vivir. Tras la voluntad yace el deseo. De nuevo, cada uno de los órganos y procesos corporales del hombre fue desarrollado, en un determinado momento, por medio de un esfuerzo consciente. Incluso el proceso de digestión, de asimilación, el latir del corazón, las varias cualidades y funciones de todos los órganos fueron desarrollados conscientemente. Ahora tenemos cuerpos que actúan automáticamente, mientras usamos nuestra consciencia, nuestra percepción y atención en otras direcciones. Por tanto, nuestra voluntad opera, en realidad, en cada ámbito de nuestra vida física, aunque podamos no ser capaces de percibirla y comprenderla. Hay también un aspecto mental de la voluntad que puede ser cultivado por la práctica: la atención fija, o la concentración en ciertas direcciones capaces de efectuar los resultados deseados.

Pero a la voluntad real y verdadera se la conoce como voluntad espiritual, que vuela como la luz y corta todos los obstáculos a manera de una espada afilada. Esa voluntad, que procede de la parte espiritual más elevada de nuestra naturaleza, hace que el hombre sea un ser que evoluciona de dentro hacia fuera, a través de todas las formas de sustancia que han existido, y es la causa de que él continúe desarrollando instrumentos en este estado de materia. Todos los poderes que existen o pueden existir, aunque sean expresados precariamente, están latentes en nuestra naturaleza espiritual. Sacamos poco provecho de ella porque la mayor parte de nosotros limitamos tanto nuestras ideas al plano físico, que creemos que la vida no es más que existencia física.

Fuimos una vez conscientes de nuestra naturaleza espiritual, pero, a medida que descendimos a través de los planos de la materia hasta llegar a este plano, nuestro intelecto se desarrolló a expensas de nuestra percepción espiritual. Con nuestro intelecto razonamos siempre de premisas a conclusiones, mientras que la naturaleza espiritual tiene la capacidad de conocer directamente la naturaleza de cualquier cosa. Por tanto, nuestro desarrollo intelectual fue en detrimento de nuestra intuición espiritual, y es inútil que la teología, la ciencia y la psicología partan de percepciones personales y físicas para llegar a comprender qué es realmente el hombre: según esas disciplinas, las causas psicológicas no son más que reflejos de las ideas físicas. Para comprender nuestra propia naturaleza, debemos empezar desde el punto más elevado de ella, reconociendo que ese punto existe, y manteniendo la fuerza de tal reconocimiento. Comenzamos a ver la luz al afirmar la naturaleza espiritual.

Actualmente usamos siempre nuestra voluntad según nuestros deseos, simpatías y antipatías, creyendo que estos constituyen una base adecuada para el pensamiento y la acción. Lo que más necesitamos es un fundamento correcto para pensar. Tenemos que eliminar la falsa idea de que si somos criaturas débiles y pecadoras, con todos los defectos de nuestros padres y abuelos, es porque nacimos así. Es necesario eliminar la ilusión mental de un creador externo. Tenemos que comprender el propósito de la vida, ver que somos el resultado de muchas de nuestras vidas pasadas, y reconocer la existencia de una evolución de acuerdo con la ley, una ley verdadera y compasiva que opera en todas partes. Debido a que esta ley opera cíclicamente, tenemos tendencia a tomar decisiones para el año nuevo. Si comprendiéramos y usáramos esta ley de recurrencia, podríamos llevar a cabo tales propósitos.

A menudo, sin embargo, tomamos decisiones porque eso es lo “correcto”, pero sin expectativas reales de mantenerlas. Las tenemos presentes algunos días, nos influyen durante un tiempo, y después los viejos deseos se imponen gradualmente de nuevo, y acabamos siguiendo otra vez los viejos hábitos. Tomar decisiones no nos hará ningún bien si no las mantenemos. Desear algo no basta para conseguirlo. Los deseos, por sí mismos, jamás nos llevarán a ningún sitio. Tenemos que sostener el deseo, mantener la decisión, usar nuestra voluntad y esforzarnos por alcanzar completamente el objeto de dicha voluntad. No podemos eliminar el mal que hay en nosotros pensando en él, y tampoco podemos deshacernos de alguna cosa desagradable pensando en ella, pues con razón se dice que nos atamos a aquello en lo que pensamos. Cuanto menos pensemos en las cosas malas que hay en nosotros, mejor; pensemos en las cosas opuestas, y el mal no podrá volver. El apego es producido, en primer lugar, por el pensamiento. El deseo existe, en primer lugar, en el pensamiento. De ahí nace luego la acción. Hemos de tener una base firme para pensar, si queremos expresarnos como deberíamos, es decir, como seres espirituales.

¿Por qué todos tenemos nuestras teorías favoritas de la vida, nuestras religiones y filosofías predilectas? Porque se ajustan a nuestros deseos, no porque sean verdaderas o expliquen todos los misterios que nos rodean. Esta es la razón de por qué, tras muchos miles de años de lo que llamamos civilización, no nos hemos vuelto más sabios y todavía seguimos el mismo viejo ciclo de vida, muerte y sufrimiento. Sin embargo, lo único que nos ata a él son nuestros pensamientos y actos. No tenemos la necesidad de seguir recorriendo estos caminos erróneos.

Tenemos la posibilidad de hacer eso si comprendemos nuestra propia naturaleza. Por tanto, debemos tomar una gran decisión. Debemos decidir que buscaremos el conocimiento, que pensaremos y actuaremos correctamente, que obtendremos algo de ese conocimiento que siempre ha existido: el conocimiento de que el hombre permanece como un ser espiritual a través de todos sus ciclos en el reino de la materia.

A medida que confiamos cada vez más en el Yo interno, empezamos a expresar y usar el poder que ya tenemos, y que es mucho mayor de lo que imaginamos. Tenemos que ayudarnos a nosotros mismos siguiendo las sugerencias presentadas en las enseñanzas de la teosofía, que son las sugerencias de los Maestros. Y entonces, a medida que el poder sustentador de la voluntad es mantenido a lo largo de la línea en la que deseamos actuar, llega ayuda más directa de los Hermanos Mayores, que en todo momento “están dispuestos a encontrar a aquellos que tienen una visión lo bastante clara como para ver su verdadero destino, y que son lo suficientemente nobles de corazón como para trabajar por la gran huérfana, la humanidad”.

NOTAS:

[1] Esto hace referencia al hemisferio norte. En el hemisferio sur, el período comprendido entre el 21 de diciembre y el 4 de enero corresponde al momento en que la luz del sol – después de alcanzar su punto de mayor intensidad – empieza a perder fuerza lentamente, abriendo el camino hacia el otoño y el invierno. La vida externa comienza entonces a disminuir, lo cual prepara el terreno para la luz sutil del alma inmortal, el sol interno.

 [2] Además del ciclo solar, hay un factor numerológico. De acuerdo con la teosofía, los números tienen un poder oculto. Los primeros días del primer mes inauguran tendencias que pueden ganar fuerza a lo largo del año.

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El artículo “Decisiones Para el Año Nuevo” es una traducción del inglés. El trabajo ha sido hecho por Alex Rambla Beltrán, con apoyo de nuestro equipo editorial. Vea “New Year’s Resolutions”. La publicación en español ocurrió el 05 de enero de 2021.

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